Si hay algo que nos caracteriza como especie es el intento constante de racionalizarlo todo. Es por eso que para hacer de esto algo más llevadero nos inventamos metas. Yo no soy la excepción. Mi vida está motorizada por un objetivo: liberarme todo el tiempo. Me encuentro incesantemente analizando todas las cosas en búsqueda de posibles lugares de sujeción. Mis días se miden con una regla cuyas unidades son milímetros de autonomía y en el instante que percibo un apretón desespero y me voy. Pero sostener una vida en constante tensión es agotador. Correr todo el tiempo es física y mentalmente imposible y a veces no hago otra cosa que desear que alguien o algo me frene y me contenga. Ahora sí que me apriete. Que me apriete bien fuerte y me prometa un lugar seguro. Es la única dualidad infranqueable: las olas existen porque existe el mar calmo. Y en mi vida es igual. Pero la euforia del maremoto me está ahogando y la calma se está volviendo muy necesaria. Pido. Por favor, pido. En ese momento es cuando tengo que usar la carta. “Podría ser peor”. No quiero hacerlo porque implica permanecer inmóvil y obedecer a las voces históricas que me dicen que me quede piola. No me quiero quedar piola porque las cosas no siempre están piolas. Pero ya lo dije, me está costando moverme sin parar. Quizás ya no pueda volver a hacerlo. Por eso me quedo piola. Ahí viene: siempre podría ser peor. Entonces hago un vistazo general. Imagino diferentes posibilidades y sí, ahora el mundo no parece ser tan malo. Remarco, no parece. Es que esa carta no es como las demás, es un comodín. El poder que tiene es inmensamente mayor que el del resto de las cartas. Cuando se la tiene en mano la partida se percibe muy fácil de ganar y la sensación es maravillosa. Recibir el comodín implica el alivio de tenerlo todo resuelto y la posibilidad de descansar. Una vez recogido es muy fácil caer en la trampa de pensar que el juego está terminado. Que ya no hay ninguna movida más por hacer. Y eso es peligroso. Siempre hay una movida más por hacer. Sin embargo cuando la partida se complica demasiado, me permito el comodín. Pero es fundamental reservar su uso para ocasiones especiales. Tal vez por eso solo haya dos comodines en la baraja. Porque a fin de cuentas lo importante es hacerse cada vez mejor en el juego, y para ello es necesario que ganar se complique un poco.

Comentarios

Entradas más populares de este blog