A la pregunta respecto de qué conforma mi ser me sale con mucha facilidad contestarla aludiendo a las influencias que tuvo. Sin duda es un refugio al que acudo cuando me enfrento al peor yo, para aliviar el peso de lo que no me gusta de mí adjudicándole la razón de su existencia a los demás. Tengo la forma de mis papás. Tengo la forma de todo lo que hicieron conmigo e hicieron de mí. De las expectativas que me pusieron, de las virtudes que me otorgaron y de los errores que me sancionaron. Tengo la forma de todos los deseos que mi mamá pidió en mi nombre. Tengo la forma de su voz y de los imperativos que siempre escuché, prohibiciones y anhelos. Lo recuerdo bien (no sucedió hace tanto tiempo): cualesquiera fueran las palabras que mi mamá emitiera, lo cierto es que el ordenamiento de las mismas se establecía para mí en una secuencia que no admitía objeción alguna. Ellas siempre me hablaron de mundos soñados y perfectos. Lo que admiro, lo que me gusta, lo que detesto y lo que deseo: t...
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